
(1) Nedda Angulo cuestiona el mito de que las empresas privadas clásicas son la única opción. (2) Las cooperativas cafetaleras son un ejemplo de éxito de formas empresariales colectivas.
Estamos hablando de unidades empresariales que acumulan para una redistribución equitativa entre todos los participantes del proceso económico. Esa es la diferencia con la lógica empresarial clásica.
En el Perú hay miles y muchas son muy exitosas. La experta Nedda Angulo analiza el caso de las formas empresariales asociativas como opción necesaria en el marco de una economía plural.
Parece mentira, pero en el Perú hay más de 6 mil unidades productivas basadas en la solidaridad y el cooperativismo. Miles de familias peruanas durante las tres últimas décadas han tejido redes productivas y relaciones asociativas que, además de insertarlas en el mercado, les han dado empleo e ingresos. Nedda Ángulo, especialista del Grupo de Economía Solidaria del Perú (Gresp), nos da cuenta de esta realidad.
-¿Cuáles son los principales problemas que enfrenta la economía productiva peruana?
-En los últimos treinta años asistimos a un proceso de decrecimiento del aparato productivo nacional debido a políticas económicas deliberadas. Todo lo avanzado desde los años cincuenta hasta fines de los setenta, en el llamado proceso de sustitución de importaciones fue dejado de lado para imponerse un proceso de reprimarización de la economía nacional.
De tal manera que las actividades productivas en la actualidad repiten el esquema de los años treinta. Somos exportadores de materias primas y promotores de actividades agrícolas basadas en la gran concentración de tierra para el monocultivo. Antes eran el algodón y la caña de azúcar, ahora es el espárrago u otros productos de mayor aceptación en el mercado internacional los que son promovidos. Por ello es necesario fortalecer, ampliar y diversificar la base productiva nacional.
-¿Cuál ha sido el principal impacto de esta apuesta reprimarizadora de la economía?
-La primera afectación ha sido la exclusión de la fuerza laboral que logró insertarse en el aparato productivo construido entre los cincuenta y fines de los setenta. Hubo un momento en que se llegó a tener un movimiento sindical muy fuerte a partir de una clase obrera que estuvo ligada a ese aparato industrial.
A esto debemos sumar que hay sectores que nunca fueron incorporados al mercado. Me refiero a los sectores que se rigen por economías ancestrales, que el Estado peruano ha reconocido en diversos momentos, como comunidades campesinas y nativas que estuvieron reconocidas con marcos normativos que obligaban al Estado a promover su desarrollo productivo.
Entonces, de un lado, el aparato industrial excluye o ya no incorpora a las nuevas generaciones, y de otro tampoco incorpora a sectores tradicionalmente excluidos.
-Y en su opinión, ¿cómo resolvió esto la población?
-En los últimos treinta años asistimos a un proceso creciente de organización económica desde los sectores populares. Una puesta en marcha de unidades de producción que, de manera asociativa, han logrado responder al test de la competencia internacional. Han logrado mantenerse en el mercado nacional y también posicionarse en el mercado exterior de manera competitiva.
Pero el Estado peruano no ha sabido apoyar esta base productiva construida a partir de esfuerzos de organización de autoempleo, de generación de ingresos y que ha supuesto unidades que se suelen denominar microempresas en diversos sectores de la actividad económica.
-¿Estamos hablando de una economía solidaria creada desde abajo?
-Dentro de esta economía popular se han desarrollado muchas experiencias asociativas en las que los gestores de unidades productivas establecieron alianzas para su ampliación productiva y comercial.
Eso se ha dado tanto en la zona rural como en la zona urbana, y esta forma de asociación ha permitido cosas como operar a escala o combinar creativamente diferentes formas de propiedad.
-¿Qué experiencia exitosa o caso emblemático existe?
-Un pequeño productor de café en Sandia, Puno, miembro de la Central de Cooperativas Agrarias Cafetaleras de los Valles de Sandia (Cecovasa), fue galardonado hace poco en Estados Unidos con el premio al café de mejor calidad del mundo.
Estos productores cafetaleros han logrado construir institucionalidad económica bajo la modalidad cooperativa por la cual cada uno tiene la conducción de su pequeña parcela, pero de manera colectiva se procuran servicios como el posicionamiento de sus productos en los mercados exteriores o en el mercado interno que tenga demanda. Y de tal manera que son los pequeños productores los que participan en toda la acumulación que se genera.
-Esto es diferente de la imagen que uno tiene de cómo producir, de cómo hacer empresa, ¿qué lleva a la gente a formar cooperativas o redes de solidaridad para la producción?
-No tiene que ver con la mera ampliación productiva ni comercial, ni con la búsqueda de maximizar ganancias. Estamos hablando de unidades empresariales que acumulan para una redistribución equitativa entre todos los participantes del proceso económico. Esa es la diferencia con la lógica empresarial clásica.
Además, estos procesos están institucionalizados en diversos modelos de gestión, no sólo son cooperativas, sino también asociaciones, empresas comunales, sociedades agrícolas de interés social, empresas de propiedad social, entre otras que todavía sobreviven en el Perú.
Datos recientes de la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria (Sunat) nos indican que hay más de 6 mil unidades productivas de este tipo. Son pequeñas unidades o pequeños productores que se han ido asociando en distintos campos como el agrícola, el pecuario, el de confecciones, o el de artesanía.
La teoría económica afirma que la acción económica está dirigida al lucro y responde al interés particular y en esa dinámica los sujetos económicos responden al interés público, más por externalidades que por motivación de la actividad económica.
En el caso de la economía asociativa no pasa esto, pues los productores no ponen su unidad empresarial porque quieren maximizar su capital, sino porque se ven retadas a construir unidades económicas porque tienen que subsistir, tienen que generarse ingresos y empleo, y eso de por sí marca la diferencia.
Antes que un afán de acumular de manera irrestricta se aspira a producir y generar legítimamente recursos para vivir con dignidad. Es una ética de producción distinta.
-¿Esa es la lógica de los llamados microempresarios?
-Les hemos puesto la etiqueta de microempresas a personas que no se reconocen como microempresarios. Si uno les pregunta descubrirá que en realidad se reconocen como productores. No son empresarios porque su lógica nunca ha sido la de la empresa. Es gente que empezó a producir para insertarse al mercado.
-Esto nos habla de un pluralismo económico y en ese sentido ¿cómo podemos promover una economía plural en el Perú?
-La Constitución peruana declara que nuestra economía es plural, pero enseguida señala que la actividad empresarial del Estado es subsidiaria de la actividad privada. Asimismo, reconoce la existencia de economías asociativas, pero vemos que no hay políticas concretas que la promuevan.
Es decir hay un reconocimiento relativo de la economía plural en el Perú, a pesar de que en el mundo hay un gran esfuerzo por retomar la legitimidad de las economías plurales. Y no es que estemos hablando de lógicas opuestas a la inversión privada, sino de legítima coexistencia de formas distintas de hacer economía, tanto de aquellas que están orientadas al lucro y desarrollada por organizaciones privadas, como de otras que pueden estar dirigidas bajo formas asociativas y orientadas a una redistribución equitativa entre todos los que se vinculan o participan. Son formas de gestión colectiva de los medios de producción y eso también es legítimo.
La economía plural supone la vigencia de modelos tanto privados como de gestión colectiva que finalmente también son privados, pero privados colectivos. Asimismo, una economía plural supone la actividad económica del sector estatal que no sólo es redistributiva y reguladora, sino también empresarial, y no necesariamente bajo un principio subsidiario. Hay sectores que deben ser manejados sólo por un Estado que sirve al conjunto de la ciudadanía a fin de asegurar bienes cuyos beneficios son para todos.
-Para lograr una economía plural entonces, debemos ser plurales en temas como la propiedad, porque sin duda en este modelo económico neoliberal, la propiedad privada prima sobre cualquier tipo de propiedad como la propiedad colectiva, comunal, mixta o estatal.
-Cuando se habla de que únicamente existe la propiedad privada individual, se cae en pura ideologización, pues la realidad indica otra cosa. Las cifras de la Sunat nos dicen que en el Perú tributan agentes económicos plurales.
Es importante la data para evidenciar qué cosa es real y qué cosa es construida interesadamente para favorecer un modelo económico determinado.
Hay un discurso y pensamiento económico que en los últimos años se ha diseminado hegemónicamente por el cual se habla únicamente de la iniciativa privada, ligada a la gran inversión, como el motor de desarrollo y del crecimiento económico. Por eso no se quiere ver los procesos asociativos y solidarios que se han venido construyendo cotidianamente y que en buena cuenta resuelven las necesidades materiales de buena parte de la población de nuestro país.
-Pero no podrá negar que en el Perú “cooperativa” es una mala palabra para algunas personas.
-El año pasado el Nobel de Economía se lo ha llevado Elinor Ostrom, precisamente porque desarrolla una teoría sobre la eficiencia que produce el manejo colectivo de los medios de producción. No es que en el mundo se llegó al fin de la vigencia de las formas colectivas de gestión, al contrario, a nivel internacional se ha demostrado que son eficientes, capaces de generar movimiento económico, y sobre todo de redistribuir de manera eficaz. A mí me encantaría que los neoliberales locales estuvieran a la altura del debate internacional, y que conocieran las experiencias como la de uno de los agentes económicos más fuertes en Quebec, Canadá, me refiero al movimiento Des Jardin, cooperativas que captan financiamiento del público y los orientan a asociaciones de productores. En el Perú hay una gran obnubilación ideológica, y en realidad el debate está por otro lado, por el lado del pluralismo económico, especialmente en tiempos de crisis.
Fuente: Diario La Primera
Carlos Bedoya
Colaborador
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